Palabras de María de Jesús Patricio Martínez, vocera del CIG, en el acto público en Tehuacán, Puebla. Noviembre 19 de 2017



Hermanas y hermanos:

Desde estas tierras indígenas vamos escuchando y caminando la palabra de los pueblos, naciones y tribus originarias de los distintos estados del país, para encontrarnos y organizarnos en la lucha por la vida que nos encomendó el Concejo Indígena de Gobierno. Nos lo propusimos porque vemos que está en riesgo la vida de nuestros pueblos y de la madre tierra. 

Los ríos Coyolapa, Huitzilatl, Atzalan y Tonto son la vida de una región muy grande, pero para los empresarios y gobiernos significan únicamente la generación de la energía eléctrica para sus megaproyectos de muerte en la Sierra Negra. La pretendida construcción del proyecto hidroeléctrico Coyolapa, por parte de la Minera Autlán, propiedad de la familia Larrea y de la Comisión Federal de Electricidad, así como la intención de construir otras tres hidroeléctricas, así lo demuestran.

Sobre estas tierras de Puebla los de arriba decidieron dónde iban a poner las estaciones eléctricas, dónde las carreteras y dónde los caminos, hacia dónde deben de correr los ríos y en lo inmediato dónde poner la cortina de una presa que despoje y destruya la tierra para el proyecto de la empresa Minera Autlán, misma que, nos comentan nuestros hermanos, se está valiendo de los políticos de la región y del estado, de todos los signos y todos los colores, para imponer su proyecto repartiendo dinero, contratando matones a sueldo y amenazando a todos quienes en la Sierra Negra y la Mixteca se oponen a sus ambiciones. 

Confiemos en nuestra gente, en la palabra que es la de nuestros hermanos y hermanas, no nos confiemos de los capitalistas de los gobiernos y las empresas, que nos prometen que nada dañarán y en todos lados vemos la destrucción y la muerte que dejan a su paso. Es la hora de no dar un paso atrás, de no rendirnos ni vendernos. 

Arriba todos los políticos se apresuran a conquistar a los inversionistas mineros nacionales y extranjeros, pero abajo defender nuestros derechos, territorios y nuestras vidas es la única alternativa que tenemos. Más de 20 millones de hectáreas de la superficie del país están divididas en decenas de miles de lotes mineros, cada uno de ellos es una concesión diferente que busca apropiarse de la tierra de las comunidades indígenas y campesinas. 

En los espejos en los que se reflejan las luchas de los que somos el Congreso Nacional Indígena hemos visto cómo cada vez más las empresas mineras están invadiendo nuestros territorios. Con violencia, los gobiernos y grupos de la delincuencia organizada se disputan nuestras tierras ancestrales porque en ellas sólo ven oro, plata, hierro, cobre, zinc, antimonio y cualquier cantidad de minerales. En esos mismos territorios nosotros vemos a nuestros ancestros y a las futuras generaciones.

Como en la Sierra Negra, en el Valle y en la Mixteca, en el caminar de las resistencias de los pueblos indígenas hemos visto que la destrucción y privatización de nuestros territorios está amenazando y dañando a regiones enteras, y la dignidad de todos los pueblos, indígenas y no indígenas está dando paso a que nazcan nuevos tejidos nacidos de la lucha de todas y todos. Con ellas, con ellos, soñamos juntos la rebeldía, o sea, el nuevo mundo en el que trabajamos los pueblos todos los días para construir desde abajo. 

Debemos estar juntos como pueblos, aprender de nuestros pasos en cada lucha, y en las del compañero en quien confiamos y en quien nos vemos a nosotros mismos. Debemos saber mirar y escuchar el dolor y la lucha de otros pueblos originarios del país, y sobre todo de los pueblos indígenas y campesinos de la sierra poblana.

En la mentira, la simulación y el miedo, las empresas mineras y los gobiernos encuentran y seguirán encontrando su camino natural. El nuestro es el de la alegría, la organización, la autonomía y nuestra libre determinación. El Concejo Indígena de Gobierno es el llamado para gobernarnos en nuestros territorios, decidir todos juntos el destino de nuestros pueblos y territorios, construir desde ahí el país que queremos para todas y para todos, y para cuidar esas decisiones como la palabra sagrada que son.   

Compañeras, compañeros, a eso nos convocamos el Congreso Nacional Indígena, y a eso llamamos al pueblo de México que está en las ciudades y los campos, a través del Concejo Indígena de Gobierno. 

Nosotras, nosotros, sin importar los resultados de las elecciones venideras, y de la guerra que vivimos en todas les regiones en las que estamos los pueblos originarios, permaneceremos atentos a esta histórica lucha por defender a nuestra madre tierra de la amenaza capitalista que nos quiere desmontar como pueblos si nosotros y nosotras, los que nos tocó vivir esta tormenta, no destruimos el poder que alienta y sostiene esta guerra. 

Desde Tehuacán, Ciudad de Indios, Puebla
A 19 de noviembre de 2017

Nunca Más un México sin Nosotros

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